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Archivo de la etiqueta: Manillas y pulseras con toque rasta en Cartagena

El punto rasta


En los suburbios de la Matuna, en el sector conocido como la Plazoleta de Telecom, existe un callejón en donde las canciones de Diomedes Díaz y la noticias de las 12 del mediodía narradas por Campo Elías Teherán Diz, se entremezclan con la suave voz del “Rey de Reggae”, logrando un balance armónico y picaresco, digno de nuestra costa caribe colombiana.

Aquel callejón, conocido como “Pasaje Telecom” donde las tiendas de ropa se posan por doquier y el olor a queso biche impregna el ambiente; la nota ligera y emotiva de Bob Marley hace su aparición, realzando los tricolores jamaiquinos que anteceden el encuentro con un lugar donde la cultura y el ser caribe de dos naciones confluye.

Cuando te topas con El Punto Rasta percibes de inmediato su misticismo envolvente. Al palpar los tricolores jamaiquinos exhibidos en cada pulsera, manilla, pañoleta y demás accesorios, descubres un trasfondo cultural que va más allá de la fachada, pues, el ser rasta es la esencia que reivindica lo que es ser negro y eso es lo que implícitamente sugiere este local, un punto donde la esencia negra fecundada en África y transmitida históricamente a través de nuestros antepasados esclavos, sigue perpetua como un cantico melancólico que se rehúsa al olvido.

- “Mi padre era quién estaba cargo del local hace aproximadamente doce años, lo heredamos de él…ahora mi amigo y yo lo administramos” manifestó Gustavo Mangones, un joven cartagenero que junto a Harli Pérez, han mantenido viva la tradición que les fue heredada hace ya siete años.

- “Nosotros nos inclinamos por las cosas rastas por gusto, porque nos llaman la atención y porque tratamos de enseñarle a la gente sobre lo que es esta cultura, lo que significa ser rasta” porque independientemente del atuendo que luzcan aquellos que profesan o se sienten identificados con la cultura, el ser rastafari es una forma de entender la vida que no ésta sujeta a ningún orden social existente.

Aunque han sentido la mirada despreciativa de los transeúntes, Eduardo y Harli se sienten orgullosos de profesar y ser representantes de esta cultura:

- “hay persona que desconocen la cultura y miran a uno de una manera extraña, pero nosotros tratamos de hacerle ver las cosas” y esta apreciación se desprende de la connotación socio-cultural que asocia el rastafari con la marihuana, situación que no ésta alejada de la realidad: “…el local abarca todo lo que tiene que ver con la cultura rastafari y por ende la marihuana, porque todo tiene su nacimiento, su género” puntualizó Gustavo.

Cuando se cruza la cortina de cadenas y rosarios multicolores, un pequeño equipo de sonido que emana reggae y dance hall te hace la bienvenida, incitándote al encuentro con el exponente más ilustre del rastafari, que inmortalizado en pañoletas y cuadros, decora las paredes rusticas del local:

- “…Bob Marley fue quien dio a conocer el movimiento…a través de sus canciones revolucionarias reivindicó la raza, lo que es ser negro, lo que es ser rasta…gracias a él la gente hoy día nos reconoce y quien más que él como la imagen de nuestro local”

Este es El Punto Rasta, un terruño de Jamaica y África que ésta circunscrito en la realidad cartagenera, es un lugar donde el ser negro se realza y cobra vigencia. Los accesorios que se venden, llevan sellado todos los andamiajes de un movimiento orquestado en 1930 cuando el emperador Haile Selassie fue coronado “Rey de Reyes”, el cual sería el encargado liberar a la gente del mundo de ascendencia africana conduciéndolos a una tierra prometida –Ethiopia- llena de emancipación y justicia divina.

El rojo que simboliza la sangre; el amarillo que representa la riqueza de la tierra natal; el verde que personifica la belleza y la vegetación de la tierra prometida y el negro que encarna el color de los africanos, son los elementos intangibles que componen el tejido de cada accesorio, el cual le da un valor agregado que sólo es percibido por aquellos que nos sentimos identificados con nuestras raíces afro y no rehusamos de su existencia, pues, en la piel, en el cabello e incluso en nuestro ser, está tatuado el linaje de un negro que exige su reconocimiento.

 
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Publicado por en 24 febrero, 2011 en Qué leer...

 

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